domingo, 18 de abril de 2010

¡QUÉ MARAVILLOSO ES EL MUNDO DE LOS NIÑOS!

Hace unos días, mientras me deleitaba leyendo un libro sobre el cerebro, en una cafetería pública, y mientras hacia un corto receso, me llamó poderosamente la atención lo que ocurría en una de las mesas aledañas a la que yo ocupaba.
Cinco niños cuyas edades oscilaban entre los 7 y 10 años se sentaron, trayendo una gaseosa litro y cinco vasos. Todos reían y colaboraban en la servida de la gaseosa, pasado 15 minutos, aparecieron con sus encantos mágicos 2 pizzas. Uno de los niños grito muy emocionado: - Salimos a tres pedazos cada uno, lo cual todos aceptaron.

Poco a poco, los muchachos compartían haciendo comentarios propios de su edad, mostrando su felicidad, hasta cuando sólo quedaban 2 pedazos de pizza en el plato y ahí se vino el mundo de los adultos.

Tres niños acusaban a uno de ellos de haberse comido ya los tres pedazos que le correspondían, el niño con su voz inocente se defendía de la acusación. Todos los miraban con una desconfianza tal propia de los adultos, hasta que el niño casi rompiendo en llanto alejó el plato y le dijo a sus inquisidores: - Cómansela si quieren. Inmediatamente se apartó del grupo, con señales de rabia y resentimiento.
El resto de los niños, viendo la actitud de su amigo, estaban desconcertados pues no sabían que hacer. Afortunadamente, volvieron rápidamente al mundo de los niños.
Uno de ellos se levantó, tomó el pedazo de pizza y se lo llevó al niño que yacía triste en otra mesa. Los otros reflexionaban sobre lo injusto que habían sido, si todos sabían que a cada uno le tocaba tres pedazos.

El niño aceptó comerse el pedazo de pizza y se unió nuevamente al grupo.
¡Qué hermoso es el mundo de los niños!

Entran en conflicto con la misma facilidad con que perdonan. El entrar en conflicto es normal, pero, a los adultos nos es difícil salir de él. Si los adultos mantuviéramos esa capacidad de perdonar, muchos de los conflictos que hoy nos aquejan, se solucionarían con mucha facilidad.

Desafortunadamente, los adultos guían a los niños, y poco a poco van arrebatándoles ese preciado tesoro que es la niñez.

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